Las necesidades de una milf


En un mundo de furros y humanos, un joven llamado Levi, que estaba pasando el rato con un amigo en la playa, se sentó y se quedó mirando las olas, pensando en su monótona vida sentimental de la universidad de la que acababa de graduarse. Era consciente de que sus gustos tan específicos en cuanto a mujeres (de cualquier especie) se interponían... y solo había una chica que cumplía todos los requisitos... Laverne. Ella era una doberman bastante alta y mayor que él, además de ser una monja de la iglesia a la que él acudía. Sabía que esa MILF era demasiado mayor para él, pero nunca dejaba que su cuerpo, ceñido por una túnica negra, desapareciera de su campo de visión mientras asistía a misa.
Dejando de soñar despierto y antes de que se le formara una tienda de campaña en los pantalones, decidió ocuparse más tarde de su molesta mente cachonda y disfrutar del día. Pero entonces, los dioses debieron de haber respondido a sus plegarias porque, de la nada, ¡ahí estaba LAVERNE! ¡A pocos metros a su derecha! ¡De pie allí como una diosa en un bikini que apenas podía considerarse ropa! 
 
 
Se frotó los ojos para ver si estaba alucinando, pero, afortunadamente, ella estaba allí, por pura coincidencia, en la playa el mismo día y en la misma zona que ellos. El amigo de Levi se dio cuenta de que la miraba fijamente y le dio un codazo, esbozando una sonrisa pícara cuando él se volvió hacia él. Sonrojándose un poco, su amigo simplemente le dio una palmada en la espalda en señal de simpatía antes de levantarse, diciéndole que volvería pronto del baño.

Pero mientras Levi veía a su amigo dirigirse hacia los baños de la playa... una sombra se cernió de repente sobre él. Pensando que una nube tapaba el sol, se dio la vuelta y estuvo a punto de chocar su cara contra unas rodillas cubiertas de vello castaño oscuro. Un aroma familiar empezó a inundar su cerebro dandole una idea de quién podía ser... y, al levantar la vista, su suposición (y su esperanza) se confirmaron al cruzar la mirada con Laverne... ...que estaba justo encima de él, ligeramente inclinada para ver más allá de su increíble escote.

«Hola, Levi. Parece que ni siquiera fuera de la iglesia puedes quitarme los ojos de encima... Hmhm...», le dijo en voz baja, haciéndole sonrojar y provocando una erección al instante.

«Qué chico más peculiar, pero no deberías de fijarte en un cuerpo de mamá como el mio... aunque no es que me importe», dijo mientras se sentaba sin esfuerzo en la arena frente a él, provocando una onda expansiva en la arena cuando su generoso trasero golpeó el suelo. Los pocos segundos que pasó mirándole a los ojos distaron mucho de ser incómodos; de hecho, él estaba saboreando cada segundo de ese puro paraíso solo por estar tan cerca de ella.

«Bueno, pues», dijo ella, hablando con menos tono seductor y más como solía hacerlo en la iglesia, «¡debo admitir que vine aquí para divertirme un poco como solía hacer antes de volverme una monja! Sin embargo, tengo votos que cumplir con la iglesia y que no puedo romper solo así ya que condenaría mi alma... ¡así que pensé que alguien podría ayudarme mientras yo le ayudo a cambio! Y no pude pensar en nadie más que en ti por como me mirabas en la iglesia... eres simplemente perfecto». Ahora Levi sudaba mientras ella se acercaba, con las tetas rozándole apenas su pecho desnudo, y le ponía las manos en los hombros.

«Apuesto a que tu cerebrito cachondo no puede dejar de imaginar lo que haría con un cuerpo sagrado como el mio... y sé que deseas estar dentro MÍO, ¿verdad?», Levi no se dio cuenta de que la cruz de su cuello brillaba, ni de que sus ojos hipnotizados eran incapaces de romper el contacto visual. En el momento en que su cabeza asintió involuntariamente... parpadeó.

Y en un abrir y cerrar de ojos, Levi se encontró mirándose a... ¿a sí mismo?

«¡Gracias, niño! O mejor dicho, Lav... Ahora, antes de volver a cambiar cuerpos, ¡necesito que te ocupes de todos aquellos deseos de mi cuerpo por hacer actos carnales y pecaminosos! Sé que sería difícil el NO querer dejar de ser yo, ¡así que tómate todo el tiempo que necesites! Te buscaré cuando hayas terminado», dijo Lav en el cuerpo de Levi mientras se levantaba, «¡Diviértete, cariño!».

Al verlo alejarse con su cuerpo, de repente se dio cuenta de... bueno... todas las curvas que hacían de Laverne el tema de conversación de la ciudad. Podía sentir lo pesadas que eran sus nuevas y, sin duda, muy grandes tetas, podía sentir lo suave que era su icónico culo con sus manos hundiéndose en él, y lo más desconcertante era la sensación de vacío entre sus muslos regordetes.. y dentro de ese vacío algo se estremecía en deseo y anhelo de ser usado. Al darse cuenta de todas las miradas a su alrededor, Levi se sonrojó y le preocupó un poco que no fuera vergüenza... sino orgullo.

«Genial», pensó, «supongo que sus impulsos y pensamientos promiscuos y dominantes también se me han pegado...». Distraída por las pelotas de playa que tenía en el pecho, no se dio cuenta de que su amigo había vuelto.

—Eh, ¿señora Laverne? ¿Qué hace usted aquí? —preguntó él, claramente ya nervioso. Levi sabía que debería haberle explicado lo que había pasado, pero ver a un hombre joven, nervioso y, a juzgar por esa erección, bien dotado, le hizo lamerse los labios en automático. Sin hacer ningún esfuerzo por resistirse a los impulsos del cuerpo de Laverne, simplemente se dejó llevar.

«P-pues... querido... tu simpático amigo se ha ido por un momento, y hoy me siento muy sola aquí fuera. ¿No crees que a los dos nos vendría bien un poco de compañía por el momento?», dijo sin esfuerzo, sonriendo con una mirada de satisfacción en los ojos. Sin decir palabra, él se sentó en su toalla, sudando cuando ella se acomodó justo a su lado.

—Bueno, pues, Ronnie —dijo ella, girándose hacia un lado—, a una anciana como yo le vendría MUY bien un poco de ayuda con un pequeño... problema.

No hizo falta decir ni una palabra más para que él captara el mensaje. Dejando que las décadas de experiencia de Lav tomaran el control, ella no tardó en sentarse a horcajadas sobre su pelvis, restregando sus pechos por toda su cara atontada y, por supuesto, deshaciéndose de toda esa molesta ropa. Aunque no había muchos bañistas en su zona, los pocos que estaban cerca disfrutaron de un espectáculo gratuito en el que la monja Laverne se follaba a un tío con un paquete impresionante. Sus fuertes gemidos alertaron a aún más gente, y pronto se formó un pequeño grupo disperso que se acercó a mirar... y deseosos de tener su turno.

Tras unos minutos ininterrumpidos de besos y orgasmos sin tregua, Levi... o Laverne, por el momento, sintió por fin ese alivio que su cuerpo llevaba años anhelando desesperadamente. Al desplomarse a su lado, ambos sudando y jadeando sin control, Laverne no tuvo tiempo de recuperar la compostura al darse cuenta de que había un montón de hombres cachondos mirándola. Esa sensación de vacío volvió haciendo que la lujuria invadiera su mente y, tras un beso francés con su amigo, con quien sin duda volvería, se levantó y eligió su siguiente objetivo. Y al final del día, tras innumerables mamadas, pajas con las tetas, pajas con los muslos y sexo por todos sus agujeros, se dio cuenta de que simplemente necesitaba aún MÁS. No estaría satisfecha en más de un mes... o tres… o para siempre.
 
Mientras Levi recibía una carga de semen en sus pechos por parte de otro de sus amantas, a Laverne en su cuerpo un coche lo atropelló.
 
 

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