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Lo que sea por salvarla

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  Aunque sabíamos que no había nadie a parte de nosotros en la playa, estaba seguro que si alguien nos viera a Abigail y a mi besándonos en la playa o teniendo un momento intimo seguro se volvería loco al ver a dos gemelas haciendo cosas lascivas. Sin saber lo tristes que eran nuestras vidas hace un año, donde tras terminar una cena romántica para celebrar nuestro quinto aniversario, le pedí matrimonio a Abigail y me sentí el humano más afortunado del mundo. Sí... lo has leído bien: humano, hombre. Sin embargo, el destino puede ser cruel a veces, y sufrimos un terrible accidente de coche de vuelta a su casa. Gracias a una extraña coincidencia, mi cuerpo salió ileso, mientras que Abigail, por el contrario, resultó gravemente herida. Aunque logró sobrevivir por su genética draconiana, el tratamiento que recibió fue largo y su recuperación solo fue posible gracias a grandes cantidades de donaciones de sangre; y, por desgracia, el suministro de sangre de dragón se acabo. Abigail no ten...

Perra engreida

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  «Esto es... increíble...», dijiste en voz alta en tu casa vacía, con la mirada fija en el libro que sostenías con cuidado entre las manos. Como joven que pasaba horas al día en Internet viendo... cierto tipo de contenido, lo primero que hiciste al encontrar un libro que convertía en realidad todo lo que en él se escribía NO fue, SIN DUDA, lo que otros habrían hecho. Claro que podrías haber conseguido millones de dólares o ser ridículamente famoso, pero no solo te daba demasiado miedo cualquier posible consecuencia de llegar a ese extremo, sino que tu cerebro hormonal pensó en ideas más «importantes» que probar. Ya habías hecho las pruebas que demostraban sus capacidades básicas, así que pasaste directamente a las modificaciones corporales. Por supuesto, convertiste de inmediato tu miembro, que estaba por debajo de la media, en uno de un tamaño impresionante que podría dar envidia incluso a los profesionales. ¿Y de qué sirve un miembro de treinta centímetros de grosor sin una resi...

Bikini dorado

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  «Ay, qué vergüenza, ¡siento todas sus miradas fijas en mí! Con lo diminuto que es este estúpido bikini, todos pueden verme los pezones... y cada centímetro de mi cuerpo. Ya... quiero que esto se acabe, pero... a mi cuerpo le encanta», dijo Toriel mientras caminaba por la costa de vuelta a su zona de playa, obligada a pavonearse con su cuerpo de mujer madura ante las miradas de innumerables hombres y mujeres. Muchas de esas miradas denotaban una clara atracción hacia ella, mientras que otras envidiaban sus curvas, y algunas se mostraban impresionadas por su aspecto a pesar de ser claramente una mujer madura. «¿Por qué tuve que encontrarme con este bikini?». Tom solo intentaba disfrutar de un bonito día en la playa. Tenía su propio rinconcito con su toalla y algo de comida, y aunque ESPERABA poder encontrar una cita allí como siempre, sabía que era prácticamente imposible para él. Pero, quitándose ese peso de encima, se levantó para estirar las piernas y decidió dar un pequeño pase...

Una idea poco practica parte 3 (FIN)

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  Suspiré profundamente, sintiéndome aliviado, cuando por fin terminó la semana escolar, aunque, la verdad, una pequeña parte de mí sentía una extraña melancolía al saber que tenía que devolver este cuerpo a su dueña. Esto se debía a que me había empezado a gustar toda la atención de gente que había tenido a mi alrededor mientras estaba en el cuerpo de ella y desprenderme de eso me dolió un poquito. Aun así, no había lugar para el egoísmo, y sabía lo que había que hacer. Durante el fin de semana, ella se auto-invito a casa después de asegurarme de que no hubiera nadie más, incluidos sus padres o su hermana pequeña de ella, para ver qué estaba pasando exactamente. Después de repasar un montón de cosas que habían ocurrido durante la semana pasada, ella utilizó el objeto mágico que había mantenido bien escondido y nos hizo volver a nuestros cuerpos originales. Era un poco raro no tener ya esos pechos enormes a los que me había acostumbrado, pero aun así me alegraba haber vuelto a una ...

Una pesada carga

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  «Maldita sea, ¿por qué demonios lo probé...», pensó mientras bajaba la mirada hacia sus pechos, increíblemente enormes y pesados, y luchaba por mantenerse erguido mientras su inmenso peso lo tiraba hacia abajo. Cada movimiento que hacía hacía que su pecho golpeara contra sus rodillas, recordándole que había sido un gran idiota. Le dolía la espalda todo el tiempo, el goteo constante de sus pechos le incomodaba y no encontraba nada que le quedara bien con sus proporciones irreales. Al cabo de unos días, incluso mantenerse de pie era una tortura para él. Se sentía dolorido y cansado de cargar con esos pesos masivos, y la lactancia constante hacía que la gente se girara a mirarlo constantemente; no importaba si lo miraban con asco o con lujuria, él era el centro de todas las miradas allá donde se tambaleaba, así que se quedó en casa para siempre. A menudo lloraba al recordar cómo era su vida antes de meter la pata, pero no importaba, esa era su vida a partir de ahora. Estaba jugando ...

Idea poco practica parte 2

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  Ya habían pasado dos días completos desde que me encontraba en el cuerpo de la chica que me gusta, cuyo busto es extremadamente generoso. Ahora era el tercer día y, a estas alturas, ya entendía por qué ella quería tomarse un respiro de la atención no deseada, intercambiando su lugar conmigo durante una semana. Aunque sus amigas estaban conmigo, desconociendo el hecho de que yo era un estudiante de curso inferior en el cuerpo de su amiga, eran las miradas de todos los chicos las que me distraían tanto. Tenían una mirada hambrienta, como si fueran lobos y estuvieran presenciando un una jugosa presa que caminaba ante ellos. Y cuando digo «caminar», me refiero a que, con solo caminar, conseguía que me susurraran piropos. Al mismo tiempo, este cuerpo era demasiado lascivo, y yo tampoco era tan inocente pues mi reacción era igual a la de ellos antes de la situación actual, así que no podía culparlos realmente. Por si la evidente admiración de los chicos o la "ligera" envidia de l...

Atrapado dentro de ella, parte 3 y final

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  Al despertarse en su propia cama, suponiendo que ella los había llevado a casa, sintió un dolor increíble en la zona pélvica y en el pecho.  «Por Dios, Loona, te has acostado con unos 30 hombres.», refunfuñó, mientras la oía corregirlo con orgullo:  «En realidad, 37...». Sintiéndose con resaca, no sabía si por el alcohol o por el sexo, se preparó el desayuno y se lo comió en el sofá. «Venga... aunque ayer intentaras ignorar lo bien que lo pasamos, SABES que lo disfrutaste». Con la cara enrojecida, se apresuró a negar su afirmación, pero ella no cedió.  «Compartimos un cerebro, idiota, ¡literalmente NO hay forma de ocultarlo!», se rió de él mientras él se sonrojaba aún más. No podía admitirlo ante sí mismo porque ella lo oiría, pero sí, tenía razón. Intentó bloquear el placer que Loona había sentido ayer, pero a medida que avanzaba el día empezó a disfrutar de él cada vez más. «Loona, solo... cállate...». Pensó que por una vez le había hecho caso y terminó de c...