Una pesada carga
«Maldita sea, ¿por qué demonios lo probé...», pensó mientras bajaba la mirada hacia sus pechos, increíblemente enormes y pesados, y luchaba por mantenerse erguido mientras su inmenso peso lo tiraba hacia abajo. Cada movimiento que hacía hacía que su pecho golpeara contra sus rodillas, recordándole que había sido un gran idiota. Le dolía la espalda todo el tiempo, el goteo constante de sus pechos le incomodaba y no encontraba nada que le quedara bien con sus proporciones irreales. Al cabo de unos días, incluso mantenerse de pie era una tortura para él. Se sentía dolorido y cansado de cargar con esos pesos masivos, y la lactancia constante hacía que la gente se girara a mirarlo constantemente; no importaba si lo miraban con asco o con lujuria, él era el centro de todas las miradas allá donde se tambaleaba, así que se quedó en casa para siempre. A menudo lloraba al recordar cómo era su vida antes de meter la pata, pero no importaba, esa era su vida a partir de ahora. Estaba jugando ...