Idea poco practica parte 2
Ya habían pasado dos días completos desde que me encontraba en el cuerpo de la chica que me gusta, cuyo busto es extremadamente generoso. Ahora era el tercer día y, a estas alturas, ya entendía por qué ella quería tomarse un respiro de la atención no deseada, intercambiando su lugar conmigo durante una semana. Aunque sus amigas estaban conmigo, desconociendo el hecho de que yo era un estudiante de curso inferior en el cuerpo de su amiga, eran las miradas de todos los chicos las que me distraían tanto.
Tenían una mirada hambrienta, como si fueran lobos y estuvieran presenciando un una jugosa presa que caminaba ante ellos. Y cuando digo «caminar», me refiero a que, con solo caminar, conseguía que me susurraran piropos. Al mismo tiempo, este cuerpo era demasiado lascivo, y yo tampoco era tan inocente pues mi reacción era igual a la de ellos antes de la situación actual, así que no podía culparlos realmente.
Por si la evidente admiración de los chicos o la "ligera" envidia de las chicas no fuera suficiente, la cosa no se limitaba solo a los alumnos. Incluso los profesores, tanto hombres como mujeres, se fijaban en mí con frecuencia debido a los extraordinarios atributos de mi cuerpo. Estaba claro que me trataban de forma un poco diferente, pero no en el mal sentido, afortunadamente.
Mientras tanto, al otro lado de toda esa atención, más o menos cada dos clases a las que asistía, veía a la chica que me gustaba sentada en un banco cercano en mi cuerpo, mirándome de reojo con un brillo cómplice en los ojos. Estaba ansiosa por ver desde la perspectiva de un forastero cómo la percibía la gente, y era tal y como se lo había imaginado. Solo nosotros sabíamos la verdad, y aún me quedaban varios días por delante en los que sería el centro de todas las miradas sin quererlo.
Al día siguiente, todo fue más o menos igual que los días anteriores. Aunque me pusiera varias capas de ropa para taparme, el contorno de mi cuerpo se seguía notando. Curiosamente, que me prestaran atención no era necesariamente algo malo; lo que me daba vergüenza era que fuera por mi cuerpo prestado. Quizá me estaba acostumbrando poco a poco a que me miraran fijamente, además de que yo era un chico más que había mirado a la chica que ahora fingía ser. Luego, como última clase del día, tocaba educación física. Quizá, debido a su complexión, le permitían un poco más de flexibilidad y un programa de entrenamiento más personalizado. Al fin y al cabo, no era fácil moverse rápidamente con ese peso tan descomunal colgando sobre mi ahora pecho. Además, estaba en el mismo vestuario con otras chicas de la misma edad que mi amor platónico, así que tenía que asegurarme de no mirar demasiado a mi alrededor, a pesar de mi curiosidad natural.
Sin embargo, en cuanto me quedé en ropa interior, las chicas que me rodeaban no dejaban de mirarme.
Una de sus amigas incluso se rió disimuladamente y me dijo que me «envidaba», aunque en realidad solo estaba bromeando, llegando incluso a hacerme un gesto de aprobación con el pulgar y una sonrisa en la cara. Ya había visto «mi» cuerpo antes en la comodidad de mi dormitorio, pero esto me resultaba un poco diferente, al estar rodeado de gente que daba por hecho que era su amiga, famosa por sus ENORMES dotes. Eso me hizo sentir un poco cohibido, pero sabía que había aceptado esto, así que tenía que aguantarme. Intentando no darle demasiadas vueltas, me puse la ropa de gimnasio y me dirigí a la clase.
La profesora se mostraba comprensiva con mi complexión, pero incluso ella sentía un poco de envidia; me daba cuenta. No tuve que correr demasiado, solo un trote ligero, pero aun así el esfuerzo extra era una locura, como si estuviera a punto de caerme por mi propio peso. Mis amigas, no dejaban de mirarme de reojo mientras hacían lo suyo. Cuando por fin terminó la clase y me metí en las duchas con todas las chicas, supe que tenía que evitar mirarlas aún más.
«Solo unos días más...», pensé para mis adentros.
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