Mucha diversión
"¡Por fin! ¡Ahora este sexy cuerpo es mío para siempre!", exclamó Melissa con la voz de Beau, agachándose rápidamente detrás del mostrador para que nadie pudiera verla.
Sin perder un segundo, se despojó del uniforme con manos ansiosas. Una de sus manos bajó directamente entre sus piernas, explorando con avidez su nueva vagina, mientras la otra sujetaba uno de sus enormes pechos lactantes y lo llevaba hasta su boca. Con un gemido ahogado, comenzó a succionar con fuerza, bebiendo la dulce y abundante leche que tanto había anhelado.
"¡Ohhh… wow!", gorjeó extasiada al separar los labios de su pezón, un hilo de leche aún colgando de su boca. Miró hacia abajo con una sonrisa enorme y brillante. "¡Sabe incluso mejor de lo que imaginaba!"
Melissa era una medio-súcubo, pero la naturaleza le había jugado una mala pasada. Mientras otras de su especie nacían con curvas exuberantes y pechos generosos, ella había quedado completamente plana. Ese complejo la había carcomido durante años.
Por eso, cuando consiguió el trabajo de vendedora en la tienda, no pudo evitar sentir una envidia corrosiva hacia su compañera Beau. Odiaba cómo aquellas enormes tetas amenazaban con salirse del ajustado uniforme cada vez que se movía. Odiaba aún más la actitud mojigata y recatada de Beau, que contrastaba con su pecaminoso cuerpo.
Hasta que apareció Astolfo.
Gracias a un pacto con el pequeño diablillo, Melissa había conseguido lo que tanto deseaba. Ahora tenia el cuerpo voluptuoso de Beau, sus pechos masivos y lactantes. Ahora era ella quien luciría esas "montañas" que harían babear a los hombres. Ahora serían ellos quienes suplicarían por probar su leche.
"A los chicos les va a encantar esto...", murmuró Melissa mientras se relamía los labios, limpiando con la lengua los restos de leche que le corrían por la barbilla. Nunca se había sentido tan sexy...
Mientras tanto, en el Infierno.
Astolfo sonreía satisfecho.
Él era apenas el penúltimo escalón en la jerarquía demoníaca, por lo que no tenía derecho a manifestarse físicamente en el mundo terrenal. Sin embargo, tras un humillante pero efectivo trueque, donde le ofrecío el culo a un pajarraco demoníaco mayor, consiguió acceso a un antiguo grimorio perteneciente al noble demoníaco.
Allí encontró la magia que necesitaba. Un ritual de intercambio de almas y la capacidad de moldearlas a su antojo.
El plan original era simple: intercambiar el alma de Melissa y Beau. La osa debería haber terminado en el cuerpo plano de la medio-súcubo. Pero Astolfo decidió darse una pequeña recompensa por sus esfuerzos. En lugar de dejar que el alma de Beau ocupara el cuerpo de Melissa, transfirió su propia alma demoníaca al cuerpo de la medio-súcubo y absorbió completamente el alma de Beau.
No la devoró ya que había dos razones para absorberla en lugar de consumirla.
*Boing* *Boing*
Absorber un alma hacía que el volumen de su propia alma se duplicara y cuando un alma se volvía demasiado voluminosa y poderosa, provocaba cambios físicos notables en el hospedador. ¿Por que creen qque hay bastantes registros de demonios voluminosos?Ahora tenia una forma terrenal para divertirse.
Melissa y Astolfo la pasarian en grande, todo a costa de una osa.
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